martes, 12 de marzo de 2013

El Eterno Retorno XII

¡Qué huevos tienen los pájaros
que echan a volar cuando el día llora!
¡Cómo lloran los días en el balcón
cuando mis ganas, y todo, va mal!

La ciudad, el futuro, la sociedad,
todo está triste,
y gime el cielo en su lugar.

Que un pájaro vuele cuando llora,
no animará a los demás a arriesgar.
Que un pájaro se corra y se empape,
no obligará a los demás a disfrutar.

Escrito el 05 de marzo de 2013
Aleera Jezhebel

El Eterno Retorno XI

-¡Pregunta!
-Yo todo querer saber.
Pero si no estoy segura,
te avisaré.
No lo sé,
te diré: creo que...
añadiré: podría...
me suena a... como...
prueba tal
pero nunca,
nunca,
es.

Escrito el 05 de septiembre de 2012
Aleera Jezhebel

El Eterno Retorno X

De mis muchos anhelos
con más fervor espero
aquel que contigo me permita
conversación larga y distendida.

La curiosidad me abruma,
¡dime a quién echar la culpa!
¿Sigues el camino?
¿Al barro te has rendido?

Adormece tu inquietud,
ella apagará la luz.
Alquimista, dónde está el poeta,
espero, más allá de algunos petas.

Años sin cruzarnos,
y aún persigo entre arrebatos
el café con cuatro,
los dos en el teatro.

Escrito el 04 de agosto de 2012
Aleera Jezhebel

domingo, 3 de marzo de 2013

El Eterno Retorno IX

Termino la copa,
de un trago,
como la vida,
que da todo de una
y no deja nada
del mismo modo.

Hoy aprovecho
que me regala un chupito
empino el codo
brindando por los días
sin fecha
que se datan
como inolvidables,
aunque no lo sean.


Y no ahogo las penas,
amplifico el júbilo.


sábado, 2 de marzo de 2013

El Eterno Retorno VIII

A veces no necesito respirar
o me falta el aliento.
A veces me siento sediento
y ni el tinto termina por saciar.
¡Ya da igual!
Ahora enloquezco y me sacio.
¡ya verás!

No tengo tiempo pa'l barrio
o los estudios pueden esperar.
Desenfreno, me enveneno,
o no lo quiero ni mirar.
¡Sí! ¡Ya da igual!
Me muero por tocarte de nuevo
¡Sí! ¡Ya verás!
Prometo mejorar los demás.

Lo siento, no te di
lo que buscabas, ah...
Pero fue mi desliz,
lo sabía y accedí.

Pero éso..
        ¡Ya da igual!

Aleera Jezhebel

sábado, 23 de febrero de 2013

El Eterno Retorno VII

Me enciendo y me apago,
la pantalla se queda en blanco.
¿Se ha quedado obsoleto mi sistema?
¿Alguna vez fue novedad?
El polvo se acumula en las rejillas,
me abandonan en la esquina,
después en el desván.
El trastero es mi lugar,
donde van las cosas rotas
que a uno le apena tirar.
Preferiría el vertedero,
con el resto de mi clase formal,
aquí yazco con objetos de recuerdo,
productos de clase estacional
y otras bagatelas
que uno se niega a abandonar.

Aleera Jezhebel

lunes, 11 de febrero de 2013

Señales/Nunca nada está perdido



Ayer, como de costumbre, me acerqué después de comer al Parque del Teíte a fumarme un cigarro y a reflexionar un poco con el sonido del viento tocando suavemente los acordes de las ramas. Allí me encontré un libro entre los arbustos. Era un Nuevo Testamento, que alguien había dejado en aquel lugar. Abrí el libro y lo primero que ponía era que aquel libro no estaba a la venta, en la portada. Dentro, se pedía que se dejara el libro en el lugar que había sido hallado.

Lo cierto es que soy algo escéptica con esto de la religión y la existencia de un dios, casi diría que soy atea, si no fuera por mis constantes dudas. El caso es que no tengo esa fe, y no debería haberle dado importancia; pero algo dentro de mí me dijo que aquel libro debía estar allí. Leí un par de páginas y lo dejé exactamente en el mismo lugar donde lo encontré. Además, subí al árbol central del Parque, un olivo centenario, y me fumé otro entre las ramas y el follaje, donde dejé, por instinto una página arrancada del cuaderno de notas que siempre me acompaña. En ella escribí: "Hoy es, siempre todavía." y "Nunca nada está perdido.".

Hoy, me he acercado una vez más al Parque. Allí había un señor, que a primera vista parecía un vagabundo, un mendigo, un sin techo... como queráis llamarlo. En realidad, éste hombre era un peregrino con destino Huelva (situémonos en Toledo, centro de la península). Me pidió un cigarro. Lo que tenía era de liar, y le ofrecí a que se guardara unos cigarritos para más tarde, los cuales amablemente aceptó, ya que el único cigarro que tenía eran las sobras de las chustas y los restos de cigarros que había encontrado por el Parque.
-¿Fuma usted porros?- Le pregunté con cautela, el hombre se encogió de hombros.
-De vez en cuando; nunca hay que abusar- Y me senté con él a compartir un petardo, mi último petardo del día.
Me contó que tenía una hija en Santiago de Compostela de diecinueve años, que su padre era andaluz y ciertas cosas más que, en realidad podrías dormir sin saberlas, pero dormirás mejor sabiendo que por un momento has hecho feliz al hombre dejándole hablar, dejándole ser escuchado.
También me comentó que se había echado allí la siesta, en el banco al sol y que por casualidad había encontrado un Nuevo Testamento, que le había ayudado a entretenerse un poco aquella tarde. Sonreí para mis adentros y continué hablando con él hasta que un amigo vino a recogerme.
Antes de irme, miré a la rama del árbol donde había dejado la nota el día anterior. No estaba. Tampoco estaba la colilla que había dejado a su lado.

No sé si fue ese peregrino quien recogió la hoja, pero, Luis -creo recordar que era tu nombre- muchísima suerte en tu peregrinaje y ojalá llegues bien. Y recuerda, nunca nada está perdido.

Aleera Jezhebel
Hecho verídico
redactado el domingo 27 de febrero de 2011